Álvaro M. Sánchez: Maneras de mirar el cine

Maneras de mirar el cine

Una amiga nos contaba que su padre se sentaba a ver una película en el salón de su casa, mando a distancia en mano, y colocaba el dvd elegido en el reproductor. Apretaba play y la cosa empezaba a funcionar, pero ahí no quedaba eso. El señor adelantaba la película hasta pasados los títulos de crédito iniciales. Para él la película no empezaba hasta que las letras desaparecían. También adelantaba sí los personajes de la película no hablaban o si había alguna escena que tardaba demasiado. y cuando la película llegaba al clímax, pues se acabó, nada de ver los títulos de crédito finales, ese inaguantable rodillo de letras blancas sobre fondo negro que no aporta nada. Y ya está. Se acabó la película.

Lo admirable era que si le preguntabas a este hombre de qué iba la película no difería en nada a una crítica sesuda de cualquier otra persona que se haya tragado la película entera: había entendido la trama, los personajes, y todo lo que pudo ver. ¿Acaso importa quien la dirigió?¿Quienes actuaban? ¿Quién dibujó el storyboard? Pues no.




Estos criterios, cuando me los contaba, me hacían abrir los ojos de par en par como supongo que a más de unx le habrá pasado leyendo esto que cuento.

Uno que es tan de apagar luces, porque una película requiere toda la atención y eso implica dejar ese momento para verla preferiblemente de noche o verla en un cuarto adecuadamente oscuro, que no exista otro sonido que lo que lo que la película reproduzca y que no pueda levantarme e ir al baño en mitad de la película, y que se leé todo articulo y libro que salga sobre el ayudante del director de fotografía de la segunda unidad que sale en los titulos del final... pues, entenderán que una persona como el padre de esta amiga, pasa de inmediato a ser persona non grata.

Un amigo también me señalaba que para él ver una película pirateada, grabada con la cámara de video en el cine y luego colgada en internet, le parecía auténtico. Le encantaban las toses y los pedos y las risas y los grititos de susto y el tembleque de la cámara y que se levantara alguien a mitad de la proyección y pasara por delante, tapando momentáneamente el objetivo. Y más disfrutaba cuando era una película norteamericana, porque sentía que era darle un puñetazo al sistema financiero yanqui (?).

Para gustos, colores. Y nunca mejor dicho en el caso de otra amiga que no ve ninguna película que esté en blanco y negro. Ya puede ser lo mejor del mundo entero pero si no está en color, no le interesa.

Pero lo que me maravilló fue precisamente ese instante en que descubrí las muchas maneras que existen de ver una película.

Que mi opción no deja de ser eso, una opción. Un modo de disfrutar que se amolda a lo clásico o a lo ortodoxo de ver cine en casa. Pero no puede ser la única forma.

Y el mundo sigue rodando para todos por igual.



FIN.