Álvaro M. Sánchez: Piedritas rodando

Piedritas rodando

Su costumbre era llegar al parque y pedir que lo pongan en el tobogán. A veces era subir por donde se suponía se debe bajar en tobogán. Otras veces era entrar al parque y situarse en el balancín en forma de caballito. Otras, era entrar y pedir que lo suban al columpio.
Hoy cambió de estrategia. Supuse que es algo que siempre hace. Su idea es entrar en el parque siempre de forma diferente.
La estrategia de hoy consistía en entrar caminando y descubrir que sus zapatillas, si ralentizaba el paso, hacían levantar el polvo de la gravilla del parque. Asi que, cogido de mi mano, me llevo un rato de paseo por el parque, diminuto parque hay que decir, con los juegos que acabo de mencionar y una colorida valla multicolor que cierra el paso a los pequeños y pequeñas que osan desafiar el mundo de los adultos.
Luego me soltó la mano y siguió solo, arrastrando y levantando polvo. Ahora parecía que le llamaba la atención el ruido de las piedritas. Aunque creo que desde un principio lo que más le tenía hipnotizado era la sensación de piedras rodantes que se movían debajo de sus pies.