Álvaro M. Sánchez: No hay revelaciones

No hay revelaciones

Dibujaba sin esfuerzo, con lápiz y a mano alzada. Ese lápiz se convertía en pincel con tinta negra y remarcaba lo dibujado. A mi lado estaba Daniel Clowes. Sabía que me estaba mirando para decirme algo en referencia a cómo debía hacer este o aquel trazo, pero no articula palabra.
En mi cabeza veía el dibujo completo (como suele pasarme cada vez que veo una hoja en blanco) y sabía la historia de los personajes que iban a aparecer allí, incluyendome. De hecho veo como camino por un edificio con aulas en las que habían alumnos sentados en sus mesas y paso por la puerta de cada una de ellas (un total de diez aulas) y a todos les digo el mismo mensaje: "Hoy no voy a poder darles clases, chicos" sonreía y me iba. Al final de un pasillo una puerta da a un andén de subte (metro) lleno de gente. Y ese es el dibujo: gente yendo y viniendo sobre el andén, con una perspectiva similar a la que usa Eduard Munch en sus cuadros y el estilo de trazo que hace Daniel Clowes, por eso sé que él está ahí para decirme algo. Pero no habla de su estilo, habla de otra cosa: "Podés estar diez años dibujando este cuadro. No pasa nada. Pero en menos tiempo podés terminarlo. Lo sabes." Cada vez que intentaba mirarlo veía el rostro de mi amigo JL Gonzalez que seguía las frases de Clowes "Sólo trabajando en el dibujo vas a encontrar un estilo. Una vez me pasó que estaba dibujando una novela y me quedé tanto tiempo en los detalles que tuve una especie de alucinación lúcida que me decía que esa era la única forma de hacer algo bien. Desde entonces no he parado". Retiro la vista del papel en el que dibujo y veo la puerta de un ascensor que se abre. Entonces interrumpo el dibujo y dejo los rotuladores a un costado. JL Gonzalez/Daniel Clowes me detiene y dice: "¿Dónde vas?" Tengo que irme, después lo sigo si ya sé cómo es. "No hay revelaciones que te hagan ver esto que te digo. No hay tiempo que perder ya." Ante tal precisión vuelvo a sentarme y continúo con el dibujo.